Representante industrial brasileño plantea que Paraguay tendrá el 50% de Itaipú

El presidente de la Junta de Comercio de la poderosa Federación de Industriales del Estado de San Pablo del Brasil, cuestionó un informe del economista estadounidense Jeffrey Sachs que sostiene que Paraguay ya pagó parte de la deuda sobre la central hidroeléctrica binacional.

Paraguay se quedará con el 50% de la Itaipú en 2023 sin haber invertido en la usina, según el criterio de Rubens Barbosa, presidente de la Junta de Comercio de la poderosa Federación de Industriales del Estado de San Pablo (Fiesp) del Brasil.

Se trata de un artículo publicado con su firma en el diario O Globo. El empresario ironiza el informe del economista norteamericano Jeffrey Sachs, presentado recientemente en Paraguay.

El “Objeto de Paraguay” se titula el análisis que realiza el empresario y ex diplomático brasileño que en los últimos meses visitó el Paraguay en la búsqueda de analizar inversiones en el país, de la mano de algunas organizaciones paraguayas.

Barbosa dice que “las recomendaciones, que están siendo presentadas con gran repercusión en el Paraguay como “Relatorio Sachs” sobre Itaipú, parten de tres premisas: 1) la deuda del Paraguay debería ser recalculada a una tasa de interés menor de 5%. 2) El Paraguay debió haber recibido precio de mercado por la exportación de energía al Brasil, lo que equivaldría por lo menos a US$52,7 MWhs (precio garantizado hoy por el Brasil para la energía exportada por el Paraguay). 3) Los costos de capital del proyecto deberían equivaler a las inversiones directas realizadas en el proyecto».

Señala que dejando a un lado los aspectos técnicos y jurídicos pactados libremente por dos países en el Tratado, Sachs recurre a la demagogia poco académica y decreta que Paraguay ya pagó parte de la deuda por tres motivos: 1) Las tasas de interés fueron demasiadamente altas desde el inicio; 2) El precio pagado por la electricidad exportada al Brasil fue inferior a US$52,7/MWh y 3) Los costos de capital están por encima de las inversiones directas por razones que no son transparentes.

Refiere que aunque advierte que sus conclusiones no son definitivas y que las premisas pueden no ser correctas, Sachs -que no debe haber leído el relatorio que firma- expresa dudas sobre la validez de la deuda restante.

El estudio recomienda que el Paraguay reciba un pago justo por la exportación de energía y pueda vender la energía de Itaipú para terceros países.

Afirma que las premisas asumidas por Sachs son equivocadas o representan medias verdades. Dice que sus recomendaciones ignoran que las condiciones de la amortización de la deuda y de la fijación del precio de la potencia generada están reguladas por el Tratado y solo podrán ser revisadas en 2023 cuando el mismo complete 50 años y la usina esté amortizada.

Agrega que el estudio ignora lo legítimamente pactado y las ventajas que el Paraguay obtuvo en los últimos años por decisiones políticas (no técnicas) tomadas por el gobierno Lula.

Insiste irónicamente en que si Sachs hubiera leído el Tratado, habría verificado que en el Anexo C, que trata de las bases económicas del contrato, quedó definido que el costo de “venta” sería determinado por los costos de producción y manutención de la empresa divididos por la potencia disponible de sus máquinas, llamada de “Potencia Garantizada”.

“Así, la empresa Itaipú Binacional vende su energía a precio de costo (construcción, expropiaciones, administración y amortización de la deuda). Para garantizar la viabilidad económica de la empresa, el Brasil tiene que comprar energía de Itaipú, en dólares, por veces a un costo superior a la producida internamente, aunque haya exceso de oferta”, manifiesta.

“Así, nunca el Paraguay recibió menos que lo definido en el Tratado. Como la inversión de Itaipú vino de financiamientos externos y quien los levantó y proporcionó los avales fue solamente el Brasil”, dice.

Y agrega que “además, el Paraguay se ha beneficiado por la transferencia de recursos de tres maneras: a) “Fondos Sociales”, creados durante el gobierno Lula, que benefician a los municipios del lado paraguayo próximos de Itaipú, cuyas deudas pasaron de cerda de US$200 millones en 2002 para US$600 millones previstos para 2013; b) royalties, que son mayores de los que son pagados en otras hidroeléctricas brasileñas; y c) “Compensación por la Cesión de Energía”, que es dinero transferido del gobierno brasileño al paraguayo, sin pasar por Itaipú Binacional, por la venta al Brasil de una energía que no consigue asumir.

“Quien paga la deuda de Itaipú no es el gobierno del Paraguay, ni el del Brasil, sino el consumidor brasileño, que compra cerca del 90% de la energía. En el 2023, el Paraguay, sin haber hecho ninguna inversión, quedará con el 50% de la usina de Itaipú, cuyo valor entonces será mayor de lo que el PIB del país”.

Lo llamativo de todo esto es que para algunos brasileños cuando les conviene dicen que ni Brasil ni Paraguay son los que pagan los compromisos, sino la Itaipú; pero cuando no les conviene no tienen empacho en afirmar que el Paraguay no invirtió en la hidroeléctrica.