“Yo soy la prueba de lo que se está haciendo mal”, dice tras su accidente

Andy Moreno, de 26 años, reflexiona sobre el accidente en motocicleta que sufrió siete años atrás. No llevaba casco, lo chocó una camioneta que realizó un giro indebido y cuyo conductor iba alcoholizado.

Reflexivo y bromista. Dos meses en coma, 50 cirugías, sobredosis de humor y esfuerzo permitieron que Andy Moreno, siete años después, con sus 26 años, recuerde su accidente en motocicleta. Lo ve como una oportunidad para meditar sobre lo que no puede seguir pasando en el tránsito, producto de la inconsciencia de los conductores que no toman las precauciones ni cumplen las reglas, la corrupción para acceder a un registro y la impunidad para los responsables de los accidentes.

El 17 de junio de 2006, Andy estuvo usando la moto con el casco puesto, volvió a la casa y lo dejó sobre la mesa. Cuando nuevamente se dispuso a salir, su madre lo atajó diciéndole que no olvide el casco, que tiene que usarlo, y su respuesta fue que no lo llevaría porque hacía mucho calor. «Fueron las últimas palabras con mi vieja», recuerda. Minutos después, a las 22.14 horas, su vida cambió por completo cuando a la altura de Mariscal López y Zanotti Cavazzoni fue atropellado por una camioneta al mando de Bruno Madelaire.

Según la denuncia, el conductor de la camioneta iba en estado de ebriedad y realizó un giro indebido, y antes que socorrer al joven, aceleró la marcha dejándolo tendido en el asfalto con el cuerpo destrozado y con quemaduras, ya que Andy salió despedido, la moto explotó y cayó encima.

En el año de su accidente se registraban entre 5 a 7 percances diarios en moto; hoy la cifra supera los 30. «Es impresionante como la moto es barata en el país. Con solo mil’i, como dicen, ya se retira y con menos de 18 años tenés tu registro. La gente dice mil’i pero no es el costo de todo esto», dice, señalando todas sus secuelas.

Manifestó que sus padres casi vendieron la casa que consiguieron con el sudor de los años de trabajo, y, si lo hacían, solo se iba a cubrir un tercio de todo lo que se invirtió en su recuperación.

«Lo mío fue algo muy infantil, algo estúpido y quedé con secuelas de por vida. Estoy feliz con que la gente me conozca y se compare conmigo porque estarán agradecidos con lo que tienen y pensarán en cuidarse más. Yo soy la prueba de lo que se está haciendo mal, de las cosas que no están funcionando», reflexiona el joven.

«No es solo saber manejar sino respetar las reglas. La ignorancia del conductor de moto es cuando en los semáforos se mete entre los vehículos, no se mantiene en su carril. Los límites no se conocen. Es fácil conseguir ese documento que habilita, que es de vida o muerte, porque en la moto no tenés ningún tipo de protección», señala.

Las siguientes palabras que cruzó con su madre se dieron dos meses después, cuando despertó del coma, y ya llevaba encima más de 30 cirugías, no podía caminar y tenía 35% del cuerpo con quemaduras de hasta tercer grado, que casi «lo llevaron». Perdió la sensibilidad del pie izquierdo, tiene platino en gran parte de la cabeza y le volaron 12 dientes.

«No llevaba casco, por eso se me hizo mierda toda la cabeza. En la moto no tenés nada que te cubra, la defensa sos vos mismo, te vas o te quedás. Yo me quedé, tuve mucha ayuda moral durante todo este tiempo, el señor que me chocó fue echado de muchos lugares. No me ayudó nunca. Acá lo que hay es justicia moral, la otra justicia hay para los que tienen la pu… plata. Yo soy del pueblo y estoy por terminar mi universidad. Tuve que volver a trabajar para continuar mis estudios porque les dejé a mis padres más hundidos que bache sobre Mariscal López», cuenta.

Entre 2006 y 2008 se sometió a la mayor cantidad de cirugías y sesiones de fisioterapia, y en un viaje a Buenos Aires fue que recibió la noticia de que sus pies no volverían a tener sensibilidad.

Fue a Alemania para continuar con su recuperación. Seis años después se decidió por la amputación de la pierna derecha, que quedó torcida por el impacto del accidente. Además, le fueron amputados dos dedos de la mano por quemaduras. «Tengo siete uñas menos que cortar», bromea, mientras muestra los rastros de su última cirugía, hecha en diciembre pasado, la número 50.

Fuente: UH