“Exponen al Paraguay al riesgo de un aislamiento internacional histórico”

El médico Héctor Lacognata, quien fuera el segundo canciller del gobierno de Fernando Lugo, entre abril del 2009 y marzo del 2011, actualmente asesora a estudiantes de secundaria y atiende a niños indígenas en el Chaco, mientras prepara un viaje a Palestina, donde irá a servir como pediatra en un hospital, por un par de años.

“Desde que era diputado, la causa palestina siempre me ha interesado. Cuando fui canciller, nuestro Gobierno reconoció al Estado de Palestina”, sostiene el exministro. En esta entrevista habla particularmente del grave problema generado con el Paraguay en el Mercosur y del peligro de un aislamiento internacional profundo.
–¿Cómo podría destrabarse la actual situación planteada en el Mercosur, sin que Paraguay ni los demás países miembros se sientan afectados en sus respectivas posturas?
–El Gobierno paraguayo debe definir objetivos claros y estrategias viables en sus negociaciones con el Mercosur. Hasta ahora su posición ha sido errática, demostrando un gran desconocimiento de los intereses de los actores en juego, poniendo al Paraguay en riesgo de un aislamiento internacional histórico. Y como resultado de ese desconocimiento, lo que debería haber sido una negociación seria en el ámbito diplomático, con los representantes del bloque regional, no trascendió del debate mediático, sin propuestas serias y sin estrategias claras.
–¿Puede ahondar en ese punto…?
–Sí. Ejemplo manifiesto de esa desprolijidad han sido los negociadores y voceros designados por el presidente electo. Todos recordamos la frase: “El Mercosur terminará postrado ante el Paraguay”, pronunciada por uno de los voceros presidenciales, en plenas conversaciones, demostrando más un ánimo patoteril que una real capacidad diplomática. Algunos de nuestros negociadores intentaban vender “una línea dura”, aparentemente más preocupados en promocionar sus candidaturas a la Cancillería que en la búsqueda de salidas al impasse. Por ello, no nos debe sorprender que esa aventura terminara en un rotundo fracaso.
–El presidente Cartes adoptó ahora una posición más firme sobre el tema…
–Pero, probablemente, la causa principal del fracaso (en la búsqueda de solución) hayan sido los cambios repentinos de opinión del presidente electo y su entorno sobre las bases de las negociaciones con nuestros socios del bloque. Del pragmatismo preelectoral se saltó drásticamente al discurso de la soberanía nacional y la dignidad.
–¿Puede soslayarse el que para el ingreso de Venezuela al Mercosur, los demás miembros del bloque hayan ignorado lo que el propio Protocolo de Adhesión exige?
–Debemos recordar que la suspensión del Paraguay al interior del Mercosur se da en el contexto del quiebre democrático que se produce en nuestro país con la destitución del presidente legítimo del país, Fernando Lugo, por la vía de un golpe parlamentario. Sin el más mínimo respeto por el debido proceso. Se aplica así el Protocolo de Ushuaia, sobre Compromiso Democrático; el bloque sale en defensa de la democracia y la legalidad en la región. Al haber sido suspendido el Paraguay como miembro pleno del Mercosur, obviamente quedan suspendidas también sus prerrogativas y competencias; por lo tanto, el ingreso de Venezuela es perfectamente legal. Lo que pasa es que los mentores del golpe parlamentario no esperaban una reacción tan contundente de la comunidad internacional.
–¿Qué opina sobre la posición actual del presidente electo, Horacio Cartes, que ratificó que Paraguay no regresará al Mercosur mientras no se zanje el problema jurídico suscitado con la forma en que se incorporó a Venezuela?
–Para el Paraguay, por ser un país con peso específico pequeño, mediterráneo, fundamentalmente exportador de materias primas, la elección de cómo insertarse en el proceso de globalización es crucial; es una cuestión de supervivencia.
Desde mi punto de vista, el impasse actual es de contenido político y no jurídico. El mismo presidente electo daba como un hecho la reincorporación de Paraguay al Mercosur. “Sería una tontería salir del Mercosur”, decía. Luego aparecieron las vacilaciones y contradicciones. En el entorno del presidente electo, aquellos sectores de la “línea dura” abogan por abandonar el bloque y hacer un giro hacia la Alianza del Pacífico, un reciclado del ALCA neoliberal, basado en los cantos de sirena del libre comercio. Mercosur optó por otro mecanismo de inserción en la economía mundial, basado en la coordinación de políticas cambiarias, fiscales y de flujos de capitales, unificando posición ante los grandes organismos internacionales. El hecho de que, en la última crisis mundial, los países de la región se hayan encontrado blindados y presentando tasas de crecimiento importantes en comparación con otras economías, habla de la viabilidad del bloque, o sea, del Mercosur.
–¿Qué perdería el país si mantiene esta posición de no volver a integrar el bloque, incluso levantada la sanción?
–Hay que entender que la viabilidad de los países de América Latina, entre ellos el Paraguay, ya no es posible alcanzar aisladamente, sino que depende, y cada vez en mayor medida, de adecuados esquemas macroeconómicos y políticos para superar las limitaciones de cada Estado nacional. La constitución de un bloque representa la posibilidad de tener un poder de negociación concreto en el mundo. Según el Cadep, Paraguay depende significativamente del ciclo económico de los países de la región. El flujo de actividades encuadradas dentro de este ciclo representaría aproximadamente el 30% del producto interno bruto de nuestro país. En términos de transferencia de Focem, el mayor beneficiario es el Paraguay, atendiendo que el 48% de sus recursos no reembolsables son destinados a proyectos de inversión para el país. El bloque del Mercosur representa hoy un gigante de 271 millones de habitantes, representando el 47% del PIB de América Latina.
–¿Qué les diría a quienes afirman que tanto en el Mercosur como en la Unasur existe un sesgo al juzgar la democracia paraguaya frente a las de otros países?
–Es curioso que estos señalamientos provengan justamente de aquellos sectores que caracterizan a sus adversarios políticos como “gorilas”, “bolivarianos”, “castrochavistas”, “zurdos”, “izquierdistas”, etc. ¡Realmente hay que ser caradura…!
Fuente; UH