Tradición popular y fe unen a familias camino a Caacupé


En la sangre, los Ferrer Araujo tienen marcada la costumbre de venerar a la Virgen montados en bueyes. Esta familia atraviesa kilómetros y kilómetros hasta Caacupé como lo hicieran sus antepasados.
Por Luján Román

De las 200 carrozas de bueyes guarambareñas que arribaron hace más de 60 años la loma de Caacupé, hoy solo restan cuatro. Esta fe movida a fuerza de bueyes es conservada y cultivada por la familia Ferrer Araujo que, a pesar de todos los adelantos automotrices, prefiere llegar junto a la Virgencita azul montada en una caravana tradicional como lo hacían sus abuelos.

Una centuria atrás, la carreta era el único medio con el cual los fieles de remotas ciudades podían dirigirse a Caacupé. Ismael Ferrer y sus hermanas Cilia, Rubí y Reina ahorran especialmente para acudir en carreta en diciembre a la serranía.

Cilia camina despacio, casi buscando el rastro de sus antepasados al costado del camino. En sus 78 años de vida nunca faltó a la aventura de fe familiar a la que asistió por primera vez con su madre Prisciliana Araujo viuda de Ferrer.

Este viaje religioso que se inicia en la ciudad de Guarambaré tiene un sabor especial para ella. «Es la primera vez que me subo al buey por lo menos un ratito para descansar. Yo siempre llegaba a pie, sin subirme ni siquiera un segundo. Estoy con muchos años ya, pero sigo creyendo en la Virgen porque tengo vitalidad», comentó ayer durante la travesía en Ypacaraí.

El calor en el camino hasta la casa de la madre espiritual de los paraguayos también es sufrido por los bueyes. Más de tres veces la caravana paró en el tramo Guarambaré-Caacupé para que los animales de carga pudieran recargar sus fuerzas con alimentos y agua.

«Agua bendita rekavo» (en busca de agua bendita) y aliento, Ismael, de 65 años, junto a sus hijos y nietos se prendió a la caravana de sangre que dura un día sorteando los peligros del asfalto y la intolerancia de los conductores.

El presupuesto para desplegar esta cita de todos los años aumenta año a año como el costo de la carne y de los artículos de primera necesidad. El año pasado, por el servicio de alquiler de bueyes, la familia abonó G. 600.000, en esta ocasión, G. 700.000 incluyendo el traslado de conductores, así como los alimentos de los animales.

«Nuestros abuelos fueron los promotores. Ahora vivimos en San Lorenzo, pero nos vamos a Guarambaré para seguir con esta tradición religiosa que nos moverá por toda la vida», dijo Ismael al seguir su camino.

OBISPO CUESTIONA EL INCREMENTO DE FAMILIAS ATÍPICAS

Por Darío Bareiro

CAACUPÉ

Monseñor Ignacio Gogorza, obispo de la diócesis de Encarnación, ayer, en el séptimo día del novenario de la Virgen en Caacupé, se mostró preocupado por el aumento de familias atípicas, madres solteras, separadas y divorciadas, viudas y viudos y hasta formas de vida que abogan por un reconocimiento social de una convivencia homosexual.

Según Gogorza, existe una profunda crisis social y estructural, ante la cual la familia tiene miedo al futuro y esto se refleja en la visión pesimista ante la vida.

En otro momento de la homilía, el obispo de Encarnación se refirió a los jóvenes y su misión.

«Los jóvenes son sensibles a percibir su vocación, están llamados a ser los centinelas del mañana comprometiéndose en la renovación del mundo a la luz del plan de Dios», resaltó.

A su vez, reconoció que los jóvenes lamentablemente se someten también a las falsas ilusiones de felicidad como el consumo de drogas, la ingesta de alcohol, el placer y las formas de violencia.