Once Obdulios ‘made in Germany’

Brasil, el que más títulos ganó, es el único país que ha estado en todos los Mundiales

También es el único de las grandes que no sabe ganar como anfitrión

«¿Volvió a ser humillado por ‘el complejo del perro callejero’?, síndrome descrito por Nelson Rodrigues para explicar el castigo que les infligió Obdulio Varela en el Maracanazo.

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«Vi gente abandonar Maracaná cabizbaja, llorosa, sin palabras, como si regresaran después del funeral de un padre amado. Vi una nación derrotada… más que eso vi una nación sin esperanza». Ocho años después del que el escritor José Lins do Rego sintentizara de manera tan bíblica el carácter sociológico del Maracanazo, le preguntaron a Nelson Rodrigues, el gran escritor, periodista y dramaturgo brasileño «¿El por qué de la derrota en lo futbolístico?» Ni Schiafino, Ni Gigghia, ni sistema W-M… ni gaitas. Según él, los mató un solo hombre: «Perdimos de la manera más abyecta por una sencilla razón: porque Obdulio Varela nos pateó como si fuéramos perros callejeros».

Desde entonces se resucita esta frase, ayer multiplicada por siete, en cualquier ‘Waterloo tropical’ para el pueblo brasileño. Por supuesto, hay que recuperarla cuando 11 Obdulios ‘made in Germany’ arrasaron hasta reducir a cenizas el Mineirao y el sueño de la Hexa, el país del fútbol. ¡Pellizquense! Es curioso, ‘La Penta, el que más títulos ganó, el único que ha estado en todos los Mundiales, es el único que no sabe ganar como anfitrión. Alemania, Italia, Argentina, Francia, Inglaterra, Uruguay sí.. será porque no tienen el «complejo de perro callejero» ni el fantasma de Obdulio Varela rondando por su historia.

El ‘sambódromo’ de Maracaná y sus 200.000 samberos convertidos en un cementerio. ¿Quién fue el autor material de la mayor tragedia de la historia de Brasil? Según cuentan los jugadores brasileños Obdulio Jacinto Varela se llamaba, alías el ‘Jefe Negro’. Mulato hijo de español y de una sirviente negra, ‘centrojás’ (mediocentro) en el fútbol, pero también medio analfabeto, repartidor de periódicos y albañil en la vida. Y el mayor mito que dio para el fútbol un país de 3 millones de habitantes con peloteros de la talla de Gigghia, Schiafino, Fonseca, Francescoli, Rubén Sosa, Álvaro Recoba, Forlán, Cavani, Luis Suárez… Su memoria se conserva gracias a los inolvidables relatos que Osvaldo Soriano y Eduardo Galeano dejaron indelebles para el resto. Porque Obdulio, parco en palabras, no concedió entrevistas casi nunca, pero se le tenía por un hombre que decía verdades como puños: «¿Para qué hablar? Los diarios sólo tienen dos cosas verdaderas: el precio y la fecha'».

‘¡Los de afuera son de palo!’

Aquel día de 1950 el ‘Negro Jefe’ Obdulio lanzó toneladas de espuma al fuego brasileño. Iban a una ‘muerte deportiva’ segura, pero Obdulio se rebeló y en el mismo túnel gritó a sus compañeros: «No piensen en toda esa gente, ni en el ruido, no miren para arriba. El partido se juega abajo… ¡Los de afuera son de palo!». Y también durante el partido, tras el gol del brasileño Friaça, y en el colmo de la valentía, se le ocurrió la treta de todos los tiempos. El libro del periodista deportivo uruguayo Juan Pippo (‘Obdulio Varela: desde el alma’) lo pone en primera persona: «¿La verdad? Yo había visto al juez de línea levantando la bandera. Claro, el hombre la bajó enseguida, no fuera que lo mataran. Yo cogí la pelota y me fui a hablar con él. Me insultaba el estadio entero con la pelota en la mano, obviamente por la demora. ¡Si me banqué aquellas luchas en canchas sin alambrado, de matar o morir, me iba a asustar allí, que tenía todas las garantías! Sabía lo que estaba haciendo. Ahí me di cuenta que si no enfriábamos el juego esa máquina de jugar al fútbol nos iba a demoler. Lo que hice fue demorar, nada más. Esos tigres nos comían si les servíamos el bocado muy rápido». Dicho y hecho: Varela se convirtió en el dueño de la pelota, ordeno y mando del mediocampo. Y Juan Schiaffino y Alcides Ghiggia, en los verdugos de los últimos minutos con sus dos goles para la Historia.

Un Bogart a a la uruguaya

El parrandero Obdulio, que cuenta la leyenda entrenaba las gambetas en el césped bailando con mujeres en los bares, también dejó algunas anécdotas después del choque del siglo. No fue a celebrarlo con los suyos sino que se perdió por las barras de Río, invitando a cerveza, consolando a sus hermanos de raza. «La tristeza de la gente fue tal que terminé sentado en un bar bebiendo con ellos. Cuando me reconocieron, pensé que me iban a matar. Por suerte fue todo lo contrario, me felicitaron y nos quedamos bebiendo juntos».

Antonio Mercader -quien fuera Ministro de Educación de Uruguay)- escribió en 1974 sobre la integridad del hombre que se disfrazó de Humprey Bogart (Galeano dixit en ‘Fútbol a sol y sombra’) en la revista ‘Siete Días’: «Desde que volvió de Maracaná le huye a la fama. En 1950 bajó del avión en el aeropuerto de Carrasco, pidió un sombrero y se lo calzó hasta los ojos; levantó las solapas del impermeable y así camuflado se escurrió entre la gente. Se aisló, rehuyó a los periodistas que sitiaron su casa y durmieron en la vereda, esperándolo. Todavía sigue en la misma. ‘¿Entrevistas? ¿Para qué?».

Como premio de la mayor proeza de la historia futbolística recibió una medallita de plata y un dinerillo que le valió para comprar un Ford del año 1931 que le robaron a la semana. «No se le oyó una queja nunca». Así era Obdulio. Cuando los dueños de Peñarol pusieron la primera publicidad en las camisetas de su historia, Obdulio se negó diciendo: «Ya pasó el tiempo en el que a los negros nos señalaban con argollas», y salió con su ‘saco’ de siempre.

La vergüenza de Jules Rimet

Pero esos 11 alemanes no se fueron del ‘Mineirazo’ como aquel día del Maracanazo se fueron Obdulio y los suyos. Aquel francés encopetado y presidente de la FIFA Jules Rimet entregó ‘su copa’ al capitán ‘negro’ Obdulio Varela como si la hubiesen robado después de estropear la mayor fiesta de fútbol en directo de la historia: 200.000 personas, el 10% de la población de la ciudad, abarrotaban hasta los palomares del Monumental de Río. Lo contaba el dirigente gabacho de esta manera: «Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. […] Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. En el tumulto terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y casi a escondidas le entregué la estatuilla de oro, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación… «.

No hay manera de que se callen, macho. Los machacan y siguen y siguen y siguen dale que te pego con que son los mejores. O soy lelito o no entiendo nada de fútbol o necesito gafas para ver los partidos. Cada vez que los periodistas abrís la bocaza sobre lo de ayer es para vendernos que una Alemania con un potencial de destrucción nazista dejó a Brasil reducida a cenizas. Yo, por el contrario, he visto que Brasil estaba desentrenada, débil, desmotivada y desunida desde el minuto uno del mundial, que fue pasando con mucha ayuda y más suerte todavía y que poner a todo un equipo a disposición de un menteca-o que se las da (y se las dan) de astro era igual que jugarse la vida a la ruleta rusa. Yo he visto esto y ayer vi cómo Alemania lo corroboraba. No vi otra cosa.