La hipocresía brasileña en vivo y en directo

Como la demostración más contundente de la hipocresía con la que el Brasil encara sus relaciones diplomáticas con el Paraguay, el canciller brasileño, Antonio Patriota, sin el menor rubor sostuvo antes de ayer ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados que la “amistad que Brasil tiene con Paraguay no sufrirá” por la suspensión de nuestro país del Mercosur y la Unasur, promovida a tambor batiente por la presidenta Dilma Rousseff. Sería bueno saber qué exactamente entiende el señor Patriota por la palabra “amistad”. Es intolerable que el mismo pretenda tomarnos el pelo tan descaradamente, argumentando que el cúmulo de hechos hostiles, provocadores y en menoscabo de nuestra dignidad, se han impulsado y llevado a la práctica en nombre… de la “amistad”.

Como la demostración más contundente de la hipocresía con la que el Brasil encara sus relaciones diplomáticas con el Paraguay, el canciller brasileño, Antonio Patriota, sin el menor rubor sostuvo antes de ayer ante la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados que la “amistad que Brasil tiene con Paraguay no sufrirá” por la suspensión de nuestro país del Mercosur y la Unasur, promovida a tambor batiente por la presidenta Dilma Rousseff.
Sería bueno saber qué exactamente entiende el señor Patriota por la palabra “amistad”. Si como la define el Diccionario de la Real Academia Española, amistad es el “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona (en este caso una nación), que nace y se fortalece con el trato”, entonces en la actualidad ningún lazo de este tipo une al Brasil con el Paraguay…
En efecto, ¿cómo puede considerarse que se siente alguna amistad hacia el Paraguay –al que Patriota consideró también como “un vecino y un socio de la mayor importancia”– cuando se promueve como se promovió, de manera tan escandalosa y atentatoria del derecho internacional, nuestra exclusión de dos bloques regionales? Estamos ante un caso del más puro y refinado cinismo.
El ministro brasileño de Relaciones Exteriores sostuvo en su comparecencia ante los diputados de su país que el Paraguay fue suspendido del Mercosur porque el expresidente Fernando Lugo “no tuvo el debido derecho a la defensa”, en el proceso de juicio político que derivó en su destitución el pasado 22 de junio.
Desde luego, el jefe de Itamaraty obvió aclarar que el proceso del juicio político al expresidente tiene sustento en el artículo 225 de la Constitución paraguaya y que el propio Lugo se sometió voluntariamente al mismo, ejerció su defensa a través de sus representantes y acató el resultado final, retirándose por sus propios medios del Palacio de Gobierno, tras despedirse de sus colaboradores inmediatos y la población del planeta entero a través de un mensaje televisado.
Es irónico que Patriota hable justamente de “derecho a la defensa” cuando su presidenta, Dilma Rousseff; la mandataria argentina, Cristina Kirchner, y el presidente del Uruguay, “Pepe” Mujica, le negaron al Paraguay su derecho a efectuar su descargo ante la acusación gratuita que ellos le formularon, tal como está previsto en el artículo 4 del Protocolo de Ushuaia. ¡Quienes avasallaron el “debido proceso” son ellos y no nuestro país!
En otro momento de su intervención, el ministro brasileño aludió a los elementos más destacados de las relaciones bilaterales con el Paraguay, señalando como los más significativos que “está el comercio, está Itaipú y están 250.000 brasileños” que viven aquí, todo lo cual otorga a nuestra vinculación, dijo, un carácter “extraordinario”. Es irónico que de nada de esto se acordaron él y su jefa cuando decidieron echarnos del Mercosur en la pasada Cumbre del bloque, celebrada el 29 de junio en la ciudad argentina de Mendoza.
Y pensar –paradoja inaudita– que justamente fueron los representantes de esos 250.000 brasileños, sus compatriotas, a los que él aludió en el Congreso de su país, quienes se trasladaron a Brasilia, poco después de los eventos del 21 y 22 de junio, para instar a las autoridades de esa nación vecina a que no adoptaran ningún tipo de sanción contra el Paraguay, recordándoles además el sistemático hostigamiento al que fueron sometidos durante la desastrosa administración del expresidente Lugo.
Lo que correspondía, si la intención fuera ajustarse a la verdad de los hechos, era que el señor Patriota declarara con franqueza ante los diputados de su país que la suspensión del Paraguay del Mercosur fue impulsada por su presidenta para meter de contrabando al bloque al gorila bolivariano Hugo Chávez, y así aprovecharse de su abultada petrochequera para sellar con él ingentes negocios que le venían siendo obstaculizados por la firme negativa del Congreso paraguayo a ratificar el Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur.
Desde luego, este es un acto de sinceridad en el que el canciller del Brasil jamás hubiera incurrido ni los paraguayos esperábamos de su parte. Evidentemente, él y su jefa sabrán los motivos que los llevan a pretender disimular lo que es ya a estas alturas evidente para la región y el mundo entero.
Lo que sí es intolerable es que pretenda tomarnos el pelo tan descaradamente, argumentando que el cúmulo de hechos hostiles, provocadores y en menoscabo de nuestra dignidad, se han impulsado y llevado a la práctica en nombre… de la “amistad”.