Enfermero en Ciudad Juárez: uno de los trabajos más peligrosos del mundo

Heridos de bala, apuñalados, quemados… Estos son algunos casos que tratan a diario los enfermeros del hospital de esta ciudad mexicana en la frontera con EE.UU. Conozca la experiencia de tres de ellos.
a ciudad fronteriza con Estados Unidos de Ciudad Juárez, en el centro de la guerra de los carteles de la droga, está considerada como una de las más peligrosas de México.
Si bien los índices de homicidio se han reducido, la muerte es todavía un hecho cotidiano para los enfermeros de los centros de salud de Juárez, quienes son también en ocasiones, protagonistas de la tragedia.
Pablo Vásquez ha estado cubriendo los turnos nocturnos en la sala de emergencias del Hospital General de Juárez en los últimos seis años.
‘Todos los días cambio mi ruta al trabajo para evitar llamar la atención. Si nos ven con nuestros uniformes, nos convertimos en blanco de la violencia y en candidatos a ser secuestrados’, dice.
Trabajar de noche significa que debe salir de su casa cuando está oscuro, el momento más peligroso en la ciudad.
‘Hace un año y medio secuestraron a uno de mis compañeros, por eso ahora tomo muchas más precauciones’, cuenta.
‘Cuando estaciono en el aparcamiento del hospital, miro para todos lados antes de bajar del carro’.
Los médicos y los enfermeros son considerados ricos y por ende son un blanco para los secuestradores en Ciudad Juárez. Muchos fueron rescatados tras pagar un rescate y muchos otros asesinados.
Crímenes sin resolver
Desde que el presidente Felipe Calderón lanzó la guerra contra los carteles de la droga en 2006, cientos de médicos y otros profesionales de la salud se marcharon de la ciudad, dejando a su suerte a más de un tercio de las clínicas y hospitales locales.
Miles de soldados y policías federales intentaron eliminar a los carteles, pero la violencia resurgió en la frontera y generó una guerra a tres partes en Juárez, entre carteles rivales y las autoridades.
Desde ese entonces más de 8.000 hombres, mujeres y niños perdieron la vida en hechos de violencia vinculados al tráfico de drogas.
Vásquez admite que no sólo su seguridad le preocupa: tiene miedo de que le pase algo a sus hijos. Una salida con la familia por ejemplo implica monitorear constantemente quién está a su lado.
Y, en particular, teme por lo que pueda pasarles a sus hijas mujeres.
En las últimas dos décadas, cientos de mujeres desaparecieron de la ciudad: algunas fueron asesinadas, otras nunca fueron halladas.
‘La situación afecta a casi todos’, le dice Vásquez a la BBC. ‘Quizá no a tu familia, pero sí a tus vecinos, o seguro que conoces a alguien a quien le ha afectado’.
Una hija de su vecino fue a buscar trabajo y nunca regresó.
‘Dicen que están investigando… pero, ¿cómo puede ser que nunca arresten a nadie?’
Se estima que el 96% de los los asesinatos en Juárez quedan sin resolver.
Fidelidad
La hermana Trine de la Cruz, quien trabaja con Vásquez, dice que la preocupación por la seguridad de su familia la empujó a mudarse a Estados Unidos.
Cuenta que tomó esa decisión después de presenciar un fuego cruzado entre distintas bandas en su barrio.
Ahora vive con su marido y sus hijos en la casa de unos familiares en la ciudad de El Paso, justo del otro lado de la frontera. El Paso es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos. En 2010 se produjeron 5 asesinatos, en comparación con los 3.075 ocurridos en Juárez ese mismo año.
Pero De la Cruz sigue trabajando en Juárez.
‘Pensé en dejarlo, pero éste es mi trabajo. Soy enfermera desde hace 21 años, y no me parece bien abandonar mi puesto por lo que está pasando aquí’.
Pese a que el hospital está patrullado las 24 horas del día por guardias fuertemente armados, De la Cruz protege su identidad usando una máscara y tapando la chapa que lleva su nombre cuando trata a pacientes que trae la policía o que vienen de la cárcel.
Vásquez recuerda cuando en una ocasión un grupo de hombres armados ingresó a la guardia para llevarse a un paciente.
‘Eran seis. Con pistolas y rifles. Me fui corriendo y me escondí bajo un escritorio’.
Choque cultural
La enfermera británica Maria Connolly quedó estupefacta cuando escuchó la historia. Ella visitó el hospital durante dos semanas para hacer un documental para la BBC.
El primer enfermo que tuvo que ver fue un caso típico: un hombre sin documentos al que encontraron inconsciente en la calle.
No pudieron salvarlo, pero como la morgue estaba llena tuvieron que sacarlo fuera del hospital, para liberar la única camilla disponible para resusitar a los pacientes.
Durante su temporada en la clínica vio pacientes con diferentes heridas producto de la violencia.
Una joven ingresó con un disparo en el cuello. La hirieron por negarse a sumarse a una banda criminal. A su amiga directamente la mataron.
Connolly también habló con un hombre al que lo habían secuestrado y al que luego le habían prendido fuego (a él y a su hijo). Todo fue porque lo confundieron con otro.
‘Si hubiese pasado en nuestro hospital, hubiese salido inmediatamente en las noticias. Pero aquí da la impresión de que es normal. Es una locura’, dice.
Pero, de regreso en Reino Unido, lo que conserva como un recuerdo imborrable de su experiencia en Juárez no es la violencia sino la dedicación de los enfermeros y enfermeras que trabajaron con ella.
‘Si cuando estaba allí alguien me hubiese preguntado si me quería quedar, hubiera dicho que por nada del mundo. Y desde que regresé, no puedo dejar de pensar en lo dedicados que son’.
‘Renovó mi fe en mi trabajo y en lo importante que es’.
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