¡Hasta que la mafia diga basta!

Hasta-que-la-mafia-diga-basta.jpg

El feroz atentado a tiros ocurrido el martes último en Pedro Juan Caballero, en el que el objetivo de los sicarios era un sobrino del capo extraditado Jarvis Chimenes Pavão, confirmó que la guerra entre mafias no acabó aún en la frontera y que, por el contrario, la pelea parece haber entrado en una fase más sangrienta.

Pedro Giménez Da Luz, sobrino de Jarvis, salió vivo del ataque gracias al espeso blindaje de su camioneta Ford F150 Raptor.

Sus dos guardaespaldas resultaron heridos, pero sin gravedad, así como un niño de nueve años y una mujer que casualmente pasaban por el lugar cuando se inició la balacera.

Por lo visto, Pedriño, como conocen al joven, era el siguiente en la lista negra que manejan los sicarios que un mes antes mataron a la abogada de su tío, Laura Marcela Casuso, en otro atentado que conmocionó a Pedro Juan Caballero.

Los policías de Amambay dijeron que Pedriño acusó directamente del ataque en su contra al fugitivo Sergio de Arruda Quintiliano Neto, alias Minotauro, quien por su lado aspira a ser el nuevo y único patrón en la frontera, luego de la muerte de Jorge Rafaat Toumani y del encarcelamiento en Brasil de otros dos pretendientes del trono, el propio Jarvis Chimenes Pavão y el joven narco Elton Leonel Rumich Da Silva, alias Galán.

La trama de esa historia de sangre y luto aparentemente depara más episodios violentos como el del martes último. Minotauro supuestamente no va a parar hasta exterminar a todos los parientes de Pavão, para que a estos no se les ocurra reactivar los negocios del capo encerrado en Brasil.

Pero más allá de la guerra declarada entre ambas facciones, está de por medio la población pedrojuanina que nada tiene que ver con esta pelea.

Las últimas víctimas colaterales fueron precisamente el niño y la mujer heridos en el ataque contra Pedriño. Antes, fue por ejemplo otro niño de cinco años masacrado con fusiles en un recordado atentado ocurrido el año pasado en Asunción, ocasión en la que su padre, un sobrino de Jarvis, era el verdadero objetivo de los matones que fueron contratados por Galán.

Y así, últimamente, tras cada enfrentamiento entre narcotraficantes hay víctimas civiles inocentes, algo que antes no pasaba, porque los criminales de otras épocas por lo menos respetaban sus propios códigos, que establecían que las familias eran sagradas e intocables.

A este ritmo, se puede vaticinar que la sangrienta guerra entre mafiosos en Pedro Juan Caballero va a seguir cobrándose la vida de inocentes.

Lo peor es que no hay mucho por hacer. Porque el propio Gobierno se muestra indiferente ante la grave situación de inseguridad.

El problema ahora es que los narcos no es que se matan solo entre ellos, sino que ya acumulan víctimas que nada tienen que ver con sus disputas.

Y si el Gobierno no combate este flagelo, quién podrá hacerlo. De momento, yo creo que ni Dios podrá con ellos.