EL BOLIGRAFO PRODIGIOSO

POR AUGUSTO DOS SANTOS
Analista
Pensábamos que la “insta­lación” de la campaña del miedo “fraude” iba a empe­zar mejor, con más creativi­dad. El capítulo de ayer con los “bolígrafos mágicos” fue de un recurso’i que no superó el preescolar de las guerras sucias.

¿Qué sucedió? Periodistas y políticos actualmente en cam­paña contra Santi Peña (como ya se estaba insinuando) tra­taron de instalar ayer que se estaban preparando “bolígra­fos con tinta borrable” y para el efecto no tuvieron mejor idea que distribuir un video, con una voz inconfundible­mente andina explicando cómo los trazos se borraban con calor. Como se esperaba, el Tribunal Superior de Jus­ticia Electoral salió a restar toda seriedad a la campaña de desinformación.

La inconsistencia del planteo era tal que para el mediodía era una joda en las redes.

Sin embargo, la frustrada ins­talación sirvió para recordar aquellos inocentes tiempos en los que la guerra sucia era una exclusiva actividad de los políticos y en los que, aun cuando se sustanciaran en los medios de comunicación, se podía entender que eso se hacía al margen de la buena fe de los comunicadores.

La instalación del supuesto fraude es un juego peli­groso. Puede que sea con­veniente para la oposición porque lo que logrará final­mente es dividir a la ANR. Sin embargo, la historia de los últimos 20 años del Para­guay nos da cuenta de las des­gracias acontecidas a causa de la política que boicotea la transparencia de la voluntad o la dirige hacia uno u otro objetivos.

Dejemos que la ciudadanía nos cuente esta vez qué pre­fiere y acostumbrémonos de una vez por todas a respetar sus soberanos deseos.